lunes, 5 de septiembre de 2011

Museo Nacional de Arte


El pasado sábado me dirigí al Centro Histórico para ir al MUNAL. Hice a un lado tareas y trabajos, y junto con alguien especial pasé una tarde muy padre. 

Llegamos al museo después de perdernos en las complicadas calles del centro, no son mis rumbos y no soy muy ubicada. Lo primero que hice fue ver la fachada, que tiene una arquitectura que roba la mirada, ya era conocida para mí. Recordé que hace mucho tiempo, cuando era pequeña, había ido y recuerdo que había mucha gente.


Una vez dentro lo primero que hice fue ir al patio central; siempre me ha gustado más la arquitectura que la pintura, y los patios centrales siempre son el mejor lugar para observar las construcciones. El edifico es pesado e imponente por fuera, pero por dentro es delicado y lleno de detalles. Investigué que su arquitecto fue Silvio Contri, que se comenzó a construir en 1902 y que en un inició era El Antiguo Palacio de Comunicación, dato curioso.



En el primer piso se encontraba la exposición temporal de Manuel Rodríguez Lozano. ¿Fui fan de su arte? No, pero lo respeto. Recorrí las salas sin fijarme mucho en los cuadros, pero fue una frase de letras negras sobre una pared blanca la que llamó mi atención, decía: “El alma mexicana es oscura y profunda. Nuestra cultura existe pero no queremos verla ni oírla, buscamos fuera cuando adentro tenemos todo. Busqué en nuestras raíces que darían sus frutos, más auténticos y sin copias.” por Manuel Rodríguez Lozano. 

Al subir las hermosas escaleras, una de mis partes favoritas del museo, que llevaban al segundo nivel, había otra exposición de arte, más pequeña y más actual. Un arte irreverente, nuevo y con su propia filosofía, la cual presumía al mundo sin revelar su secreto. Me gustó más.



Fuera de la exposición moderna, de ahí en adelante las demás salas y el piso restante eran de arte que representaban a la conquista y a la colonia. No me gusta; no es que sea inculta solo no me gusta.

Sin duda volvería ir, principalmente por su arquitectura y porque dicen que es común encontrar recitales de cuerdas y pianistas, lo que suena como una buena opción para pasar el día. 

Por cierto, vayan al café del piso 8 de la tienda Sears, frente a Bellas Artes. Es la mejor vista de Bellas Artes que he visto en mi vida. Pero esa historia no se las voy a contar.

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